Miércoles 03
de mayo de 2017
PROVIDENCE,
Rhode Island, EE.UU. (AP) — Hosteleros, dueños de restaurantes y firmas de jardinería
tienen dificultades para conseguir mano de obra temporal y en algunos casos
rechazan negocios debido al endurecimiento de las condiciones para otorgar
visas para trabajadores estacionales extranjeros.
“Va a haber
muchos negocios que sencillamente no pueden funcionar a plenitud y algunos que
ni siquiera pueden abrir”, afirmó Mac Hay, copropietario del restaurante Mac’s
Seafood en Cape Cod y que organizó un grupo de presión para promover en
Washington los intereses de las empresas que dependen de los trabajadores
temporales.
El problema
son las visas H-2B, emitidas para empleos temporales no agrícolas.
Estados
Unidos emite 66.000 permisos de este tipo por año fiscal. Algunos trabajadores
regresan año tras año y el Congreso les ha permitido hacerlo sin entrar en el
recuento oficial. Pero tras el cambio de mando en la Casa Blanca, la exención
no fue aprobada para el 2017.
Un proyecto
de ley de gasto público presentado el lunes permitirá emitir casi 130.000
visados H-2B, pero procesarlos puede demorarse semanas.
E incluso si
se aprueba la ley, la tramitación de las visas podría demorar semanas, lo cual
significa que muchos trabajadores no arribarán a tiempo para el último fin de
semana largo de mayo, cuando comienza de hecho la temporada veraniega, y tal
vez ni siquiera para el feriado del 4 de julio, Día de la Independencia.
Muchos
establecimientos dependen de las visas H-2B para contar con trabajadores
extranjeros para la cocina, el aseo y otros trabajos que pocos estadounidenses
quieren hacer. El resort Mar-a-Lago del presidente Donald Trump suele contratar
trabajadores estacionales con estas visas.
Cada visa
cuesta en promedio al menos 1.000 dólares en tarifas, viajes y otros gastos que
son cubiertos por los empleadores.
La
propietaria del Beachmere Inn de Ogunquit, Maine, Sarah Mace Diment, dijo que
ofreció menos habitaciones durante el receso de primavera de abril porque no ha
podido llenar ocho plazas de aseo y mantenimiento, por las que paga entre 10 y
12,50 dólares la hora. Indicó que ninguno de sus pedidos de visa fue aceptado.
Hay quienes
dicen que la mano de obra extranjera barata perjudica a los trabajadores
estadounidenses y reduce los salarios, y que los empleadores no se esfuerzan en
obtener mano de obra local. La ley estipula que el empleador debe ofrecer
trabajo a los estadounidenses antes de solicitar a extranjeros.
Diment
asegura que contrata personal de limpieza jamaiquino porque en esta zona rural
del sur de Maine no hay suficiente gente dispuesta a tomar empleos temporales.
Maine es el estado con la tasa de desempleo más baja del país, del 3%. Diment
contrata estudiantes universitarios, pero regresan a clases en agosto, mucho
antes del final de la temporada veraniega, que dura hasta octubre.
“Siempre
trato de contratar estadounidenses primero. Alguien de la zona”, afirmó. “No
usamos este programa porque es fácil. No lo es. Es difícil y costoso, pero lo
usamos porque no tenemos otras opciones”.
Los mayores
usuarios de las visas temporarias son las empresas de jardinería. Stephen
Faulkner, dueño de una firma de Hooksett, New Hampshire, dijo que este año
perderá trabajos por valor de cientos de miles de dólares porque no le
otorgaron las visas para los seis jardineros mexicanos que trabajan con él
desde hace una década.
Afirmó que
está considerando dejar esa actividad.
“Mi compañía
está siendo devastada al no poder contar con los trabajadores temporales”,
expresó. “Me estoy cansando de pelear. Y por ello se van a perder plazas de
trabajo en Estados Unidos”.
La central
sindical nacional AFL-CIO dice que el programa de visas temporales genera
discriminación y explotación, al tiempo que conspira contra los esfuerzos por
subir los sueldos y mejorar las condiciones de trabajo. El senador Bernie
Sanders se ha preguntado si realmente hay estadounidenses dispuestos a tomar
estos empleos.
“Se supone
que vivimos en una economía de oferta y demanda, y que si los empleadores no
consiguen personal, pueden estar dispuestos a subir los sueldos”, declaró hace
poco al diario The Burlington Free Press.
Joseph
Lieghio, cuya familia opera hoteles y restaurantes en Mackinaw City, Michigan,
dice que duda que pueda conseguir manos de obra nativa incluso su duplica sus
sueldos de 10 y 11 dólares la hora para lavadores de platos, ayudantes de
cocina y personal administrativo.
“Si respiran
y entran a nuestras instalaciones, les damos un trabajo”, manifestó. “Pero no
viene nadie”.
Señaló que
le aprobaron 130 pedidos de visa y que otros 80 fueron rechazados. Por ello
está reduciendo las horas en que funcionan sus restaurantes, subiendo los
precios y postergando la apertura de otro restaurante.
La
jamaiquina Novelette Barnes-Chin viene a Estados Unidos a trabajar por
temporada desde los 32 años. Hoy, a los 50, ruega por que se le permita
trabajar en el Beachmere Inn al menos parte de la temporada.
“Es lo que
nos da de comer” a muchos jamaiquinos, comentó. “Venimos a trabajar, ahorrar y
comprar algunas cosas. Me siento destrozada en estos momentos, muy triste” por
las restricciones a las visas para trabajos temporales. Associatted press